Por: Elba Bonet
Nadie está realmente preparado para perder a un ser querido, y menos cuando la despedida llega de forma inesperada. La muerte irrumpe, altera rutinas y deja un vacío que cada persona aprende a transitar de manera distinta.
En muchas regiones del país, especialmente en la costa y en las ciudades intermedias, persiste la idea de que el duelo debe ser visible: que se lleva en la ropa, que se expresa de cierta manera y que debe cumplir códigos sociales para ser reconocido. El luto, en este contexto, parece medirse más por lo que se muestra que por lo que se siente.
Sin embargo, el dolor no responde a normas establecidas. La pérdida de un amigo o de un familiar se manifiesta de múltiples formas: en el silencio, en la memoria, en alimentar recuerdos, en la continuidad de la vida cotidiana o en la necesidad de seguir adelante. No existe una única manera correcta de llorar ni un molde universal para sanar.
A menudo, quienes deciden continuar con sus responsabilidades, mantener sus rutinas o sonreír en medio del duelo, son observados con recelo. Llegan interrogantes como ¿Y ese es al que se le murió el papá? ¿Esa es la viuda? ¿Y ella por qué no se cierra de negro? Se confunde fortaleza con indiferencia y silencio con ausencia de amor. Pero el hecho de que el dolor no sea evidente no significa que no exista.
Recordar a quienes parten también es una forma de homenaje. Honrar sus enseñanzas, replicar sus valores y permitir que su ejemplo siga vivo en las acciones diarias puede ser una expresión profunda y legítima del duelo. Hay personas cuya grandeza no estuvo en los reconocimientos públicos, sino en los actos sencillos: en pensar primero en los demás, en compartir incluso desde la escasez, en amar sin condiciones.
El duelo, entonces, no debería convertirse en una imposición social ni en un juicio colectivo. Cada proceso merece respeto, porque cada vínculo fue distinto. El dolor no tiene uniforme, ni calendario, ni reglas externas. Vivir el duelo con libertad, sin prejuicios ni exigencias, también es una forma de amor.



