El patriarca, frotándose la barba, quizá asimilando una derrota sin llegar a las urnas y la pérdida de un espacio importante en el Cesar; y el hijo, comiéndose las uñas, tal vez tratando de entender por qué llegaron hasta ese punto, arrodillados al Pacto Histórico. En Valledupar y el Cesar todos saben que los únicos con ideologías progresistas en esa familia son Carlos Quintero y Rodolfo Quintero. Pero, como en todas las familias hay de todo, Chichí Quintero siempre ha militado y jugado en la derecha.
Su apellido le permitió escalar y hacer parte de campañas a la Gobernación, Alcaldía, Concejo y Asamblea, lo que posteriormente le abrió espacios de participación en gobiernos, secretarías, cargos burocráticos e incluso contractuales. Chichí supo jugar. Mientras fue candidato, lo acompañó un equipo fiel y trabajador que venía desde su primera elección a la Cámara de Representantes. Bastó con que Chichí Quintero diera un paso al costado para dar paso a su hijo, Carlos Felipe Quintero, para que todo comenzara a desmoronarse.
No entraré en detalles de cómo llegó Chichí a la Cámara, porque todos saben que la primera vez fue con la influencia del exalcalde Socarrás, luego con la de Tuto. Posteriormente, tras dar un paso al costado, su hijo llegó con el respaldo de Mello Castro y Kaleb Villalobos. Hasta ahí todo era sonrisas y abrazos. Pero una vez posesionado, todo empezó a cambiar.
El primer sacrificado del equipo de trabajo de Chichí, fue Jose Carlos Pérez Yancy, quien se enteró por teléfono de que no continuaba, al igual que una serie de personas que corrieron con la misma suerte. Difícil cuando alguien ha defendido una causa y sale de esa manera, pero así es la política en ocasiones.
A esto se sumó la misma suerte de Kaleb Villalobos, quien ubicó a Sol Liñán en la lista y, gracias a ese trabajo traducido en votos, le alcanzó a Quintero para llegar a la Cámara. Lo que Villalobos no sabía era que también lo sacarían “de taquito”, quedando viendo un chispero. Así mismo ocurrió con el exalcalde Mello Castro, quien apenas mostró su intención de aspirar a la Cámara y comenzaron los despropósitos y ataques contra quien en el pasado fue su benefactor político.
Para seguir agregando ingredientes al tema, en medio del Partido Liberal, Carlos Felipe Quintero entró en rebeldía y se fue en contra del máximo líder y jefe natural, César Gaviria, haciéndole férrea oposición a su candidatura. En ese escenario, también terminó derrotado. Hasta aquí, todo lo contado refleja una cadena de desaciertos y malas decisiones traducidas en derrotas.
Pero Carlos siguió insistiendo en hundir el barco. En una rendición de cuentas, en lugar de hablar de su gestión, la usó como tribuna para atacar a la casa de gobierno departamental, quizá pensando que tendría réditos políticos y que la gente lo vería como independiente, pero nada salió bien.
Desde el primer momento en que Mello Castro decidió ser candidato, Carlos Felipe Quintero comenzó a vivir días de intranquilidad. Sabía que no era rival para Castro. Vaciló durante el período de inscripción y llevó todo hasta el último momento, hasta que el día de la inscripción de la lista del partido fue reemplazado por Israel Obregón, anunciado por el mismo exalcalde en primicia a este medio digital y a Noticias 860.
En medio de ese proceso comenzó a tomar fuerza la posible aspiración del hermano, el exconcejal de Valledupar Luifer Quintero, quien insistió en el Partido Conservador, quizá esperando que Ape lo arrastrara, pero no se le dio. Fue a Bogotá a buscar espacio con Roy Barreras y todo quedó en una fotografía. Luego buscó refugio donde Juan Fernando Cristo y terminó ingresando al Frente Amplio, lo que considero la improvisación política más grande que ha ocurrido en el Cesar.
Al principio todo parecía tener sentido. Esperaban que Alexandra Pineda, ganadora de la consulta del Pacto Histórico, se sumara, situación que no ocurrió porque quienes ocupaban los puestos habilitados para conformar la lista no renunciaron. Esto oscureció aún más el camino de los Quintero y terminó de sepultarlo la salida del incansable Arturo Calderón, quien renunció a su candidatura y dio una entrevista donde dejó claro lo que siempre he venido diciendo: todo fue improvisación.
Desde este medio digital dimos a conocer a la opinión pública que Luifer Quintero terminaría en el Pacto Histórico apoyando a Pineda, quien encabeza la lista cerrada. La información que teníamos sobre reuniones privadas era clara, pero Luifer salió al estilo de Lina de Armas, con un video en TikTok asegurando que se mantenía firme. Sin embargo, más demoró un merengue en la puerta de un colegio que sus palabras, porque terminó arrodillado al Pacto Histórico, y hasta el puesto al que aspiraba, por ahora, se le cayó.
Es claro que la idea de los Quintero es sumar votos a Pineda para afectar la campaña de Castro, en caso de que Ape saque una votación estruendosa y arrastre a Libardo o a Kaleb. Pero lo cierto es que, sin que haya llegado el debate, la casa Quintero ya quedó derrotada y sin posibilidad de pelear una curul a la Cámara de Representantes. Ese espacio les costará años recuperarlo, y quizá no lo vuelvan a ver por las nuevas dinámicas políticas.
A Carlos Felipe Quintero le queda terminar su período, y ojalá lo haga con altura y reflexione sobre las malas decisiones, entendiendo que la soberbia no es buena consejera. Porque cuando deje de ser representante y quizá quiera aspirar a la Alcaldía, como se dice, encontrará un camino lleno de espinas y relaciones políticas deterioradas. A Luifer y a Chichí, su padre, les tocará caminar al lado de Alexandra Pineda, compartiendo ideas progresistas, y que no se duerman, porque en la izquierda el cuento es otro.
Son muchas las lecciones que deja este proceso electoral a esta casa política, que vio desvanecerse el poder que durante cuatro años le otorgó una credencial a la Cámara de Representantes.
Para las verdades, el tiempo. Hoy no solo yo, sino también el periodista Alex Acuña, acertamos en lo que veníamos siguiendo y analizando sobre la casa Quintero.
Por: Arturo Alfaro Cujia
Director – Entérate Valledupar



