Por: Elba Bonet
Este texto nace de un proceso profundo, de esos que la vida te obliga a transitar cuando todo se pone a prueba. Son tiempos en los que he aprendido a veces a las malas que no todo el mundo celebra tus triunfos y que una palabra de más puede convertirse en un problema.
Durante mucho tiempo fui esa persona que cuidaba más de los demás que de sí misma. Estuve para todos, ofrecí mi tiempo, mi apoyo, mi energía. Pero cuando decidí empezar a pensar en mí, a priorizar mi paz y mis propios sueños, esos “amigos” comenzaron a alejarse.
Fue ahí cuando entendí que no todos los que están contigo en las buenas, permanecen en las malas. Este año me enfrentó a mis miedos más profundos, y en medio de esa vulnerabilidad descubrí que podía contar con los dedos de una mano a quienes realmente estuvieron.
“Uno es esclavo de lo que dice y dueño de lo que calla.” Esa frase, que me compartió un gran amigo, cobró un sentido inmenso en estos días. Porque no todo el que se dice amigo lo es, ni todos los que sonríen contigo lo hacen desde el corazón.
A veces confiamos en personas que no están dispuestas a apoyarnos, sino a usar nuestras palabras para herirnos. Y así, poco a poco, dejamos que otros dibujen una imagen distorsionada de lo que somos.
Hoy solo puedo decirte algo: rodéate de personas que te den paz, de quienes no te juzguen, pero sí te digan lo que necesitas escuchar en el momento justo.
He comprendido que llorar también es sanar, que un abrazo nunca sobra y que no todo el que parece fuerte lo es.
Por eso, abraza a tus amigos, diles cuánto los quieres,
nunca sabes cuánto puede significar ese gesto para alguien que sonríe por fuera, mientras por dentro hace un enorme esfuerzo por no romperse.




Una respuesta
El titular me atrapó y por supuesto leí atentamente el texto, pero al final siento que al tema le faltó más profundidad, como a las novelas cuando le cortan capítulos, de todas maneras gracias por esta reflexión, me será muy útil, saludos 👍